March 28, 2026
Araiza tenía 15 años cuando empezó a trabajar para los comedores de Pomona College. Está listo para luchar por su comunidad
Como líder de la unión, Rolando (Rolo) Araiza siempre sabía que lo tenían en la mira por organizar junto con sus compañeros en los comedores de Pomona College.
Desde que Araiza fue suspendido y después despedido por problemas menores de asistencia el 29 de enero, compañeros de Araiza, tanto como estudiantes y miembros de la comunidad han presentado peticiones, se han movilizado, han organizado delegaciones y han luchado por el regreso de Araiza. Ahora, después de trabajar para el colegio desde los 15 ½ años, Araiza ha sido señalado por parte de la gerencia del comedor de Pomona y fue despedido.
Araiza ha sido delegado de la unión desde que los trabajadores de Pomona ganaron su primer contrato en el 2014. Por más de una década, Araiza ha sido un representante voluntario de la unión, haciendo que Pomona cumpla con su contrato, asistiendo juntas con la gerencia como testigo, y ayudando a organizar otros esfuerzos locales de crear uniones por el Inland Empire.
Durante una entrevista en persona con Undercurrents, Araiza contó su trayectoria trabajando en los comedores de Pomona, uniéndose a campañas clandestinas para organizar uniones y los próximos pasos en la lucha por su reincorporación. Después del último mes repleto de reuniones con la gerencia, delegaciones y movilizaciones por su reinstalación, Araiza está seguro de que pronto estará con su comunidad de nuevo.
La relación de Araiza con Pomona se extiende mucho más allá de sus años como líder de la unión. Rolo comenzó a trabajar en la universidad cuando apenas tenía 15 ½ años.
“Llevo trabajando en la universidad desde que tenía 15 años y medio; tuve que tramitar un permiso de trabajo en la escuela [secundaria]”, comentó Araiza.
Su padrastro, quien también trabajaba en Pomona, le ayudó a conseguir el empleo; sin embargo, Araiza explicó que el trabajo ya había formado parte de su vida desde muchos años.
“Llevo trabajando desde que tenía unos 10 u 11 años,” dijo Araiza. “Mi mamá ni siquiera podía darme un dólar para comprar cosas en la tienda, así que me dijo que podía ayudar a una señora en el mercado los fines de semana y que ella me pagaría.”
A partir de ahí, Araiza comentó cómo fue pasando de un trabajo ocasional a otro, hasta que finalmente comenzó a trabajar más establemente en Pomona durante sus años de secundaria.
“Después de recibir mi primer cheque pensé, ‘Vaya al diablo el fútbol americano,’” dijo Araiza entre risas, describiendo como aquel empleo se convirtió en un trabajo de largo plazo. “Empecé como tiempo parcial en el 2005,” señaló Araiza. “Pero, la universidad no te reconoce como empleado oficial hasta que pasas a tiempo completo. A mi me contrataron a tiempo completo en el 2008.”
Antes de ser despedido, Araiza ya había presenciado lo peor de las prácticas anti-unión de Pomona durante las últimas dos décadas. Como uno de los trabajadores originales del comedor que ayudó a organizar y formar la unión, Araiza estuvo presente cuando Pomona hizo una verificación de estatus migratoro y despidió a 17 trabajadores indocumentados durante la campaña de organizar la unión. Araiza luchó contra estos despidos y múltiples intentos de intimidación hasta que la unión fue reconocida en el 2014.Por eso, Araiza dijo que ya se imaginaba lo que iba a pasar cuando lo suspendieron y después lo llamaron a una reunión con Recursos Humanos.
“Yo sabía que venía,” dijo. Como delegado de la unión y líder activo, explicó que los trabajadores involucrados en la organización suelen ser vigilados más de cerca.
“A la gente que habla, la suelen agarrar mucho,” dijo Araiza. “Sea por la asistencia o por lo que sea… escogen a quién molestar.”
Aunque el colegio afirmó que la razón de su despido fue un “no llamó ni se presentó,” Araiza asegura que en realidad es parte de un patrón más grande de represalias contra quienes lideran la unión.
Araiza dijo que lo más difícil de todo no fue perder el trabajo, sino sentir que les estaba fallando a las personas que quiere. Contó la ansiedad que sintió al tener que darles la noticia a su familia y a sus amigos.
Dijo que lo que más le costó fue hablar con su esposa. “No sabía ni cómo decirle,” contó. Pero cuando por fin lo hizo, ella le recordó que esto era algo que siempre habían sabido que podía pasar.
“Me dijo, ‘Ya sabíamos que esto podía pasar en cualquier momento… solo que ahora pasó.’”
Araiza también resaltó lo importante que ha sido el apoyo de su esposa en estos meses.
“Ella me dijo, ‘A mí me daba más miedo que no estuvieras aquí.’ Y también, ‘No dejes que ganen… eso es lo que quieren, verte así, verte llorar,’” recordó Araiza entre risas. “ ‘Ese no eres tú.’ Y yo le dije, tienes razón, foo.”
A pesar de todo, el despido no ha cambiado su compromiso con la lucha junto a sus compañeros.
“Ahora entiendo por qué me despidieron de verdad,” dijo. “Y no vamos a dejar de luchar.”
A pesar del despido, Araiza afirmó que no tiene intención de apartarse de la lucha.
Araiza comentó que incluso tras haber sido prohibido del campus, todavía se siente conectado con los trabajadores con quienes se organizó; muchos de ellos se han vuelto cada vez más inquietos respecto a la estabilidad de sus propios empleos a raíz del despido de Araiza.
“Siento que sigo siendo un delegado de la unión”, dijo.
Al mismo tiempo, Araiza señaló que sus críticas a las prácticas laborales de Pomona no implican que le haya dado la espalda a la institución en sí.
“Amo al Pomona College”, afirmó. “Lo que detesto es que sean anti-union.”
Para Araiza, el objetivo nunca ha sido abandonar la universidad, sino transformarla. A lo largo de su estancia en Pomona, Araiza ha sido testigo del poder del apoyo comunitario en las luchas de las uniones desarrolladas durante la última década. Después de que Pomona calificará las demandas de los trabajadores de un salario digno como algo “poco realista”, los empleados del comedor autorizaron una huelga y lograron un aumento salarial de 7.25 dólares durante las negociaciones de 2022. En Pitzer, los trabajadores ganaron una campaña de readmisión que se extendió por un año, después de que la dirección de Pitzer despidiera a tres empleados por manifestar su apoyo a la unión en el lugar de trabajo.
“Me encanta trabajar allí”, dijo. “Te lo digo en serio; es como si les dijera a ellos: estamos bien. Seguimos luchando. Voy a volver, foo”.
Labor
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Abolition
Undercurrents reports on labor, Palestine liberation, prison abolition and other community organizing at and around the Claremont Colleges.
Issue 1 / Spring 2023
Setting the Standard
How Pomona workers won a historic $25 minimum wage; a new union in Claremont; Tony Hoang on organizing
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